POESÍA

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Publicado el 2021 por Libros del Pez Espiral, colección Pez Martillo 

 HAIKÚ MINERO
Carlos Soto Román

Selección de Isma Rivera



Estamos bien
pero preocupados
por el encierro

La voz de Ermo a través de los escombros
veía la luz entre lágrimas y aplausos.

«Estamos bien».
Como Jonás atragantado
dentro de las fauces del cetáceo
sin saber...
Casualidad o castigo,
corriendo como miel
entre las muelas.

«Pero preocupados».
La oscuridad, el desamparo,
el crujir de la tierra,
el derrumbe.
El saber que entre el maldito tapón
y la boca de lobo
hay kilómetros
de angustia e incertidumbre.

Y siempre la soledad.
Y siempre la penumbra.
La desesperación.
«El encierro».



SUERTE DE AQUELLAS



Los del pueblo dicen
que los mineros
están todos emperrados.
Sudan como cerdos.
Llevan todo el cuerpo
tiznado.
Huelen como las cloacas.
Se embriagan de prestado.

Y si es que acaso
llega la fortuna
despilfarran todo el dinero
hasta que se acaba
(y de vuelta al hoyo).



SANGRAR LA TINTA



Decidimos entonces
apresurada e irresponsablemente,
tal y como una asamblea
decide casi siempre
las penas de muerte,
intentar contacto con la superficie.
Decidimos elevar anclas,
olvidarnos del engaño.
Despertar de las siestas
embriagadoras de cada tarde de domingo.
Sacar a luz el periscopio oxidado.
Entregarnos a las mareas.

Decidimos entonces terminar con el martirio.
Tomar la desgracia por la cola.
Someterla, ahorcarla,
para que en sus últimos estertores
sus ojos claros de fuego
iluminaran una posible salida.

Decidimos escribir entonces
nuestros últimos momentos.
Para que, en el caso
de que el destino nos venciera,
aquellos que luego vendrían
a buscar nuestras cenizas
encontraran las últimas palabras.

Decidimos sangrar la tinta.
Despejar las dudas.
Clavarlas en el anonimato.

Decidimos esculpir la piedra
y con nuestro desengaño
dejar grabado con simples palabras
todo nuestro desencanto.



ASCENSIÓN  DE LOS MUERTOS (I)



Me acuerdo de los truenos,
de los relámpagos,
de aquel sonido subterráneo
lejano y persistente
de las olas azotando las rocas
y de las goteras del granito.

Me acuerdo de los temblores,
de los desprendimientos de tierra,
de los pájaros muertos,
de la ceguera y del hambre.

Me acuerdo del eco artificial de las palabras
atravesando el largo tubo.

Me acuerdo de las estrellas
en la corona de la virgen
y del color de la estola del cura,
que se arremolinaba con el viento
la tarde del funeral de los dinamitados.

Pero por sobre todo
me acuerdo
de los ojos vendados,
del tizne en la piel,
de los cuerpos enjutos y menoscabados,
de la ascensión de los muertos.


LOS QUE VIVEN PARA CONTARLO



Toda vida es una catástrofe.
Todo desastre es un encierro.

No importando si es una
o miles las víctimas de la hecatombe.

Toda tragedia es una derrota.
Todo desastre es ensimismamiento.

Una condena muda
tristemente esculpida
con imágenes ciegas
en la conciencia.

Que sólo puede leerse
en los ojos melancólicos
de quienes viven para contarlo.


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Acerca de la autor:
Carlos Soto Román (Valparaíso) 
Escritor y traductor. Entre sus libros destacan La Marcha de los Quiltros (1999), 11 (2017) , Antuco (2019) en conjunto con Carlos Cardani Parra, Haikú Minero (2007; 2021). Es autor de la primera traducción íntegra al castellano de Holocaust de Charles Reznikoff.

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